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Queridos amigos:

Recientemente, en mi muro de Facebook, he visto publicada una historia que me ha dado materia para pensar. Una prueba mas de que vivimos en un mundo inconexo y carente de sentido, en el que nos estamos pudriendo cada vez mas, como si fuéramos flores, que se marchitan por falta de agua. No me gusta que la gente que lee este blog se sienta mal, pero no puedo evitar recordarles que la vida del ser humano en general, en los tiempos que corren y tal y como hemos evolucionado, es una puta mierda. Y a todo aquel que lea esta blog, le doy ánimos y fuerzas para poder superar este tétrico dilema.

Un hombre se sentó en una estación del metro de Washington DC. Comenzó a tocar el violín en una fría mañana de invierno. El hombre interpretó seis piezas de Bach durante 45 minutos. Se calcula que en ese tiempo pasaron por la estación 1.070 personas. La mayoría de ellos iban embebidos por la monotonía, absorbidos por la necesidad de trabajar mucho, cada vez más, para vivir decentemente.

Un hombre de mediana edad se dio cuenta de la música, se percató, pero después de estar un instante parado siguió con su objetivo. Otra mujer, pocos minutos después, le dio el primer dólar al hombre. Ni se paró a escuchar, siguió adelante.

Parece ser, que en aquellos 45 minutos ininterrumpidos, el que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Pero la madre tenía prisa y no dejó que el niño saciara su necesidad innata de percibir aquella delicada pieza. Curiosamente varios niños hicieron lo mismo, pero también sus padres reaccionaron de la misma forma que la madre anterior: los obligaron a no pararse y a no entretenerse con cosas de niños.

Realmente, en todo ese tiempo, el hombre recaudó 32 dólares, de alrededor 27 personas. Pero lo mas importantes es que nadie aplaudió, ni hubo reconocimiento alguno.

En realidad, aquel hombre era un violinista superdotada llamado Joshua Bell, que tocó en aquel metro con un Stradivarius de 3,5 millones de dólares. Lo mejor de todo es que dos días antes tocó en el teatro de Boston, donde los asistentes pagaron un promedio de 100 dólares.

Todo fue un montaje del Washington Post, un experimento sociológico, que se hizo con la intención de averiguar la capacidad y percepción del ser humano en un entorno monótono y lleno de obligaciones y stress.

El asunto es incluso muy irónico, porque el experto Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE.UU, había previsto que el músico recaudaría por lo menos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, totalmente absortas por su belleza. Incluso el propio Bell, que no tiene pinta de ser una persona engreída declaró “Era una sensación extraña, la gente me estaba… ignorando” sin embargo, en la estación de metro se sentía “extrañamente agradecido” cuando alguien le tiraba a la funda del violín unos centavos.

A mi personalmente me ha dado que pensar esta historia. Aunque es un experimento que se hizo en el año 2007, creo que uno de los problemas que van engordando la condición del ser humano en estos momentos es el hecho de que no sabemos realmente vivir, percibir o sentir.

Creo que lo mejor que podemos hacer en estos momentos es pararnos a escuchar a aquél hombre unos segundos. Porque aunque nadie se paró en su momento a escucharlo, hoy en día, su video en youtube tiene casi 3 millones de visitas.

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