En ese momento no podía respirar. Sentí que me moría. Quizás se había cumplido aquella premisa de beber hasta morir. Me quedé sin aire, no sabía si era ansiedad o un ataque de cualquier cosa, yo que se. Me estaba asfixiando y tenía que salir de aquel garito. El portero me preguntó si estaba bien. Me cogió por los hombros y yo me protegí con los brazos. Tenía miedo.

Cuando la vi no pude creer que tenía delante de mí. Semejante belleza no podía estar andando por la calle a esas horas. Sobre todo sola.

Estaba frente a mí. Yo estaba todavía tirado, boca arriba. No me di cuenta de mucho, pero me habló:

– Hola- me dijo alegremente.

– ¿Eres un ángel?

– ¡No! – Sonrió como un ángel.

– Entonces ¿Quién eres?

– Rocío

– Me llamo Eloy

– ¿Qué haces aquí Eloy?

– Estoy muy borracho- dije incorporándome- Creo que no podía llegar a mi casa y por eso me he quedado dormido aquí.

– Creo que te hace falta comer algo. Yo voy a desayunar ¿Te vienes?

– Si… La verdad es que no me vendría nada mal comer algo.

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