250px-Einbrief

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Nunca creía que llegaría este momento. Nunca pensé que llegaría el momento en el que estaría delante de un papel, o de un ordenador, contando mi historia. Delante de un espejo, con el que poder mostrar a la multitud la verdad de mi ser, de mi existencia.

Algo imponente, si se mira de esta manera. Algo, que solamente las mentes más valientes podrían confesar. Quizás, ese fue siempre mi problema, el no ser lo suficientemente valiente.

Y ahora, después de varios años, estoy aquí pagando por mis pecados públicamente. Pagando lo malo, lo que siempre mi mente ha rechazado, hipócrita y, dulcemente detestable.

Mi alma, que no descansará hasta que termine de escribir las últimas líneas de este testamento, se emborrachará día a día de mi presencia, detestable por cobarde, aguardando una oportunidad de confesar mis errores.

Pero quizás, tu amigo lector, que seguro no leerás esto nunca, porque permanecerá en el fondo del cajón de un escritorio, de madera, viejo como mi corazón, te estarás preguntando que es aquello tan importante que tengo que contarte.

Quizás sea eso, que las palabras me delatan, como un destello, como una chispa en una caldera, intentando intensificar mis acciones aquellas que intentaré plasmar lo antes posible, a fuerza de puños y letras, de sangre y heridas abiertas.

El comienzo de aquellas páginas era realmente, como decirlo… intenso. No pude dejar de leerlo, y pasé a la siguiente página. No era mucho, miré a mí alrededor, para encontrar algún sitio interesante en el que poder sentarme.

Pensé que quizás de aquella manera podría empezar un libro. Pero el cursor del procesador de textos se quedó parpadeando en ese instante durante un tiempo, muy a mi pesar, demasiado largo. El escritorio estaba desordenado, como siempre. Había algunos papeles encima de la mesa,a mi derecha. Pensé que ya los tiraría en otro momento y en ese mismo instante me eché hacía atrás. Estiré los brazos y apoyé uno de ellos en el escritorio.

Estiré la palma de mi mano, que estaba colocada encima de la mesa. Pensé en la palma de esta como un terreno extenso, un gran campo de futbol. De pronto me encontraba corriendo sobre la palma de mi mano. Sentí que tenía espacio suficiente y que todo lo que estaba a mí alrededor era un paisaje grandioso. Me dolía la cabeza, quizás era de la cerveza de ayer. Pero después volví a pensar, porque quizás no lo era y era simplemente que me estaba haciendo mayor.

La vida es como un tarro de cristal, en cualquier momento puede romperse; Caerse, partirse en mil pedazos. Quizás no tantos, porque nunca he partido un tarro de cristal y me he puesto a contar los pedazos que quedaron sueltos y esparcidos por el suelo, pero por ahí tiene que andar la cosa. Aquel día precisamente me sentía como un tarro de cristal.

Estuve bebiendo bastante durante el día anterior. No fue una cerveza solamente, quizás diez cervezas. Aunque eso no me impidió pensar en lo que quería escribir realmente.

Pensar en la muerte es como pensar en algo a lo que tenemos miedo. La mayoría de las veces no queremos enfrentarnos a eso que nos persigue. Pero quizás…

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