Ocurre continuamente. No se si os habéis dado cuenta, al igual que yo, que en algunos momentos de nuestra vida, por circunstancias que ahora mismo no se explicar muy bien, nos vemos envueltos en un aura de denigración. Esto forma parte de la idiosincrasia de nuestro país, en el que parece que no encontramos formas de vida que vayan más allá del veneno del día a día.

Se que esto de generalizar es muy peligroso. No se puede sacar una conclusión de unos pocos casos concretos, porque todo es muy relativo en la vida. Pero cada vez es más fácil conseguir mucha información de muchos sectores diferentes y, gracias a las redes sociales e internet, uno puede estar enterándose de lo que se critica en varios medios a la vez. Y ese es el problema, pues no concebimos una forma de informar si no es criticando.

Lo mismo pasa a nivel personal. Seguramente tienes varias decenas de contactos, todos de por aquí cerca: amigos, familiares y todo eso. Pero estoy seguro de que si te dieran un céntimo por cada mensaje constructivo que ha llegado a tu muro, no te llegaría ni para un paquete de pipas.

Nos estamos convirtiendo en niños llorones que solo quieren su piruleta, y no ven nada más allá de la realidad que les asola, que es que quizás sus padres no tengan dinero para chucherías.

Y este descontento es quizás lo que hace que estemos pendiente del otro, de la “competencia” porque al fin y al cabo se trata de competir, sin darnos cuenta de que en el día a día competimos contra nosotros mismos.  Pero no vemos eso y cargamos nuestra frustración contra el que creemos que nos ha pisado alguna oportunidad.

Por lo que he leído y visto últimamente, esto pasa mucho en el mundo de la literatura. Ya lo tenía confirmado desde hacía bastantes años en el mundo de los negocios, sobre todo a pequeña escala, pero me sorprendió mucho ver esta actitud en el mundo de la literatura ya que se supone que este mundo está creado a base de sueños. Y los sueños no deberían entender de malas intenciones, pues nadie quiere tener pesadillas y soñar que hace daño a nadie.

Siempre que leo una crítica de un editor, está relacionada con internet y las descargas. Siempre que leo una crítica de un escritor, está relacionada con las editoriales o con otros escritores, como si los otros tuvieran la culpa de que a el no lo leyeran. Siempre que leo una crítica de un lector con lo caros que son los libros o el derecho que tiene que tener tal o cual escritor a estar publicando. Lo mismo pasa en la política, economía, negocios, arte en general. Pero me asombra leer continuamente que la mayoría de opiniones que se vierten en la red están basadas en campañas de denigración prácticamente. Desde siempre se ha sabido que para criticar podemos optar por hacer críticas constructivas o destructivas. Y confundimos la crítica destructiva con la honestidad. Se puede ser honesto y hacer una crítica constructiva.

Con este mensaje he intentado ser lo más honesto y constructivo posible. Si a alguien le sirve de algo, me gustaría leer algo más enriquecedor en la red y las redes sociales, ya que estoy dispuesto a aprender de los demás, de su forma de vivir y de hacer las cosas. No me interesa saber lo que gana menganito o lo que vende fulanito. Si a menganito y fulanito le van muy bien sin hacerme daño a mi o a mis seres queridos, les deseo sinceramente lo mejor. Intentará aprender de ellos.

Si todos empezamos a compartir información que nos sirva de verdad para construir algo concreto, seguro que las cosas nos empezarán a ir mejor.  Y si no, siempre nos quedarán las fotos de gatitos en facebook o los chistes malos,que de alguna manera u otra , contribuyen a alegrarnos el día.

🙂

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