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Las drogas y el cine han establecido a lo largo de la historia un relación estable. Se presenta como un tema que puede dar lugar a multitud de historias diferentes. En los comienzos del cine, la droga se establece como un punto de conexión entre los suburbios más oscuros y desconocidos y la vida diaria del espectador de cine, siendo en los años treinta Traficantes del amor (Herman Webber) una de las representaciones más significativas, por decir algo y tendiendo en cuenta la gran cantidad de referencias que existen.  Sin embargo, Cocaine Fiends AKA The Peace That Kills (William A. O’Connor) también se nos puede presentar como una historia que nos transporta ha un espectáculo  elaborado para desgarrar aquella sociedad americana de los años treinta, que tenía a la gente aprisionada en una infinita cantidad de prejuicios. La cocaína, o droga en general, se demoniza en un sentido menos autodestructivo, pues se presenta como un instrumento para salirse de la vida aprisionada, aunque con consecuencias devastadoras en la mayoría de los casos. Será en los últimos tiempos cuando asistamos a historias de narcotraficantes que consiguen grandes cantidades de dinero en poco tiempo, como si de una proeza se tratase, con la intención de seguir una suerte de filosofía nihilista-anárquica. Y no nos equivoquemos, porque según como se mire podría serlo, o por lo menos el hecho de conservar la vida en el intento, como muy bien dejó plasmado el propio Ridley Scott en American Gangster, al intentar plasmar el salvaje mundo del narcotráfico. La droga empieza a catalogarse como un instrumento de poder, un acceso a la fama y el dinero, un ejemplo de esto también lo encontramos en Blow.

American Gangster

Nueva York, 1968. Frank Lucas (Denzel Washington) es el silencioso chófer y recadero de un importante mafioso negro de Harlem. Cuando su jefe muere inesperadamente, Frank decide aprovechar la oportunidad para construir su propio imperio y hacer realidad su versión del sueño americano. Gracias a su talento y a una estricta ética de los negocios, se hace con el control del tráfico de drogas en el corazón de la ciudad, inundando las calles con productos de mayor calidad a mejor precio. Lucas se convierte entonces no solo en el principal narcotraficante de la ciudad, sino también en un hombre público muy respetado. Richie Roberts (Russell Crowe), un policía marginado que conoce bien las calles, se da cuenta de que en el mundo del hampa el poder está cambiando de manos. Está convencido de que una persona ajena a los clanes conocidos trepa por la escalera del poder. Tanto Richie Roberts como Frank Lucas comparten un estricto código ético que les aparta del resto de sus coetáneos, transformándolos en dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley. Cuando sus destinos se crucen no tardará en estallar una confrontación de la que sólo uno podrá salir victorioso.

Sin duda uno de los mejores papeles de Denzel Washington. Ridley Scott nos ofrece su particular visión del mundo del narcotráfico, pero parece que no centrándose en este, mediante una historia, basada en hechos reales, que hará que incluso lleguemos a respetar al mismísimo Frank Lucas.

Blow

Blow se nos presenta como una historia parecida a la anterior, sobre como se puede llegar a lo más alto en el mundo de la otra. Sin duda, prefiero la de Ridley Scott, aunque también esta es apta por contar con uno de los mejores actores en la actualidad, Johnny Depp.

Narra la historia de un narcotraficante George Jung (Johnny Depp) que llega a amasar una gran fortuna económica pero, como consecuencia de su actividad delictiva de la que llega a ser un adicto, se desmorona su vida sentimental y personal, acabando sus días arruinado y con el máximo castigo que a él le podía caer: el rechazo de su hija.

Empieza su ‘carrera’ de narco como vendedor de marihuana en las playas de California de los setenta y acaba (en los 80s) trabajando para Pablo Escobar como traficante de cocaína. Llegando a ser el principal contacto del Cártel de Medellin en el sur de EEUU. Contrasta la personalidad práctica, leal y poco violenta de George con la del resto de sus compañeros narcos con los que se tiene que relacionar.

Traffic

El juez Robert Wakefield es nombrado por el Presidente de los Estados Unidos para supervisar los grupos de lucha contra la droga y su coordinación con las autoridades de México. Sin embargo su entusiasmo inicial por la posición de prestigio alcanzada se acabará cuando se dé cuenta de que su hija adolescente Caroline, de 16 años, se ha convertido en una drogadicta -hecho que le ocultaba su esposa Barbara-. Mientras tanto, al sur de la frontera, el agente mexicano Javier Rodríguez intenta librar su propia batalla contra la droga.

Una buena historia, sobre todo porque indaga en los diferentes aparatos sociales en los que influyen las drogas. Una historia coral, bien interpretada por la mayoría de sus actores, entre los que encontramos a Michael Douglas,Benicio Del Toro, Don Cheadle, Catherine Zeta-Jones, Dennis Quaid, Erika Christensen, Steven Bauer, Miguel Ferrer, Amy Irving,

Leaving Las Vegas

Narra historia de un alto ejecutivo de Hollywood que pierde a su esposa y al resto de su familia por culpa de su alcoholismo y se traslada a Las Vegas, la ciudad donde los bares nunca cierran, para beber hasta morir. Allí conoce a Sera, una prostituta de la que se enamora y que parece trastocar su idea inicial de suicidio etílico.

Esta desgarradora historia, bien interpretada por Nicolas Cage, se nos presenta como una odisea personal, en la que podemos ver perfectamente los miedos del personaje, afrontados a través de un alcoholismo puro y duro. No olvidemos que no solamente las drogas duras pueden llegar a destrozar vidas. La película goza de un buen nivel técnico, y una adaptación de un guión que podría resultar insoportable para cualquier mente, poco perturbada en principio.

Trainspotting

Trainspotting es la historia de yonkis y marginales de Edimburgo, que según se dice “viven en un abismo”. La película trata de retratar la vida cotidiana de un grupo de “amigos” cuyas vidas giran alrededor de conseguir drogas de la forma que sea.

Es remarcable la dichosa ausencia de moralina en la película, que abre puertas a la idea de que uno es dueño de su propio ser y de su vida y de su cuerpo y es uno la única persona que tiene capacidad de elegir una vida ¿qué vida quieres? Al mismo tiempo, esa potencial posibilidad (la libertad) en otros esta coartada por la vida misma en sociedad, aquellos serán yonkis perpetuos, homenajes a la sociedad contemporánea, placer y mala suerte de la mano de una aguja. La película está declarada como una de las 5 mejores películas británicas de todos los tiempos.

Réquiem por un sueño

Harry, Tyrone -su mejor amigo- y su novia forman un trío de heroinómanos que viven en Coney Island, Nueva York. Harry sueña con conseguir una gran partida de “caballo” y abrir luego un negocio con los beneficios de la operación. Pero, por el momento, tanto él como sus amigos apenas consiguen sufragar su propio consumo. Entretanto, Sara, la madre de Harry -una mujer perturbada que acaba de salir de un hospital psiquiátrico- consigue pasar el día gracias a una mezcla de anfetaminas y televisión.

Elaborada cinta dramática del atípico director Darren Aronofsky, que nos transporta a un mundo de sueños y obsesiones, pesadillas e ilusiones, mostrándonos el poder de la droga, y como esta, ya sea la heroína o la televisión, es capaz de destruir las esperanzas los deseos y las ilusiones de aquellos que la toman, o simplemente la rodean.
Aronofsky recrea en este film el submundo de las drogas, y para ello se vale de un majestuoso guión firmado por él mismo, en el que se critica y rechaza una de la drogas mas potentes que nos asolan, la televisión, comparándola hasta extremos ilimitados con la heroína.

Con un montaje dinámico, alegre e incluso adictivo, nos lleva directos a las pupilas de aquellos que ven la droga con ojos de consumidores, nos hace caminar por la delgada línea que separa le mente y el corazón, para llegar a caer en la complejidad del inconsciente, cuando ya no se sabe que es realidad y que es ficción.

Para terminar

Para gustos los colores. De entre los cientos de miles de millones de películas he elegido este “subgénero”, que más que suponer un genero en si, es un instrumento que sirve para satisfacer un mensaje, una llamada más humana de lo que creemos. La falta de afecto, la necesidad de autorrealización, son solo algunos de los motivos por los que hacer una película o contar una historia.

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