Desde la primera célula que compone nuestro cuerpo hasta el infinito somos… Así mas o menos empezaba una redacción de colegio que escribí con unos doce o trece años. Solo recuerdo estas palabras y la insistencia de mi profesora de lengua para que la leyera delante de la clase.

Sin saber por qué, me hizo pasar mucha vergüenza. Además, era el único al que se lo pidió y también recuerdo su cara de complacencia y orgullo mientras miraba a través de los estériles cristales de una de las ventanas de nuestra monótona aula.

Seguramente fue una redacción que brillaba por su falta de elocuencia. Pero algunas veces intento reflexionar y entender por qué le gustó tanto a aquella mujer. Después de todo creo que hablaba sobre “ de donde venimos” y todo eso.

El espectáculo fue patético. Se me cayeron algunos bolígrafos al suelo que estaban metidos en un estuche de lata, que también se desplomó estrepitosamente, mientras yo patosamente intentaba recogerlos a la vez que seguía leyendo un texto que nadie comprendía.

“¡Miedo escénico!” me han dicho por ahí que siempre he tenido o, por qué no, algo de miedo al fracaso. Pero a día de hoy creo que tengo el miedo que podría tener una persona cualquiera, de las normalitas. Ni más ni menos.

Nos describen complejos y debilidades.¡Que coño! a mi me gusta ser un ser humano con mis defectos y virtudes. En un mundo cada vez más ridículo cuesta muchísimo esfuerzo mantener el tipo y es algo que intento hacer continuamente con sangre y sudor.

Lo demás es todo superficial. Lo que todos acuerdan es lo que unos pocos no aceptan. Nos inventamos normas que la mayoría de la gente no está dispuesta a cumplir. Así mas o menos gira el mundo, con sus defectos y virtudes.

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