Un día ves un imagen que te atrae. En un momento dado, mientras haces cualquier cosa, te acuerdas de esa imagen y la relacionas con algún acontecimiento. Te sientes y escribes palabras. Algunas de ellas no están relacionadas entre sí. Pero tú, haciendo uso de ese poder de concentración que solo tienen los cabezones, sigues escribiendo. Y elaboras un entresijo de sueños y vivencias que se convierten en una novela.

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